¡Cómo cambian las cosas los años!
Has cambiado, pero todos lo hacemos. No me malinterpretes, no te estoy reprochando nada. Has cambiado y me gusta. Me gusta que tengas nuevas manías e ideas con las que sacarme de quicio. Me muero por saber con qué vicios estúpidos y gustos inéditos me sorprenderás esta vez. Quiero descubrir si ahora lloras con las películas, si te has cosido el bolsillo de la camisa, si ya no tienes el mismo aguante, si le pones mi cara a las canciones... si la próxima vez que te vea me darás un beso o la razón. No sé hasta qué punto han cambiado tus prioridades o si has dejado de buscar ese adjetivo tan poco acertado. Puede que ya no te escondas de la vida cubriéndote con tu gorro de lana verde, ese que compraste en algún mercadillo por el norte de Europa. Te solías tapar las orejas y dejabas de escuchar al mundo, pero él seguía hablando. Te contaba sus planes y tú seguías escribiendo en aquella libreta negra, absorto, prometiendo que algún día me lo enseñarías. Pero no te preocupes, a todos nos p...